Una mañana

Una mañana

martes, septiembre 27, 2011

Basura espacial u orbital...

Me sorprende hasta donde ha llegado nuestra tecnología, que ahora (desde hace mucho tiempo ya) podemos no sólo contaminar nuestro planeta, sino el Universo entero también. Es lamentable observar como nuestro nivel de destrucción no tiene límite, ni obedece fronteras.  

Y se dice lo anterior ya que el ser humano ya no tiene nada más que contaminar en su planeta no satisfecho con polucionar su ambiente próximo, abandonando residuos que le son imposibles o de dificil digestión a la naturaleza, ha logrado extender su largo brazo de destrucción fuera de su biosfera.


Hay una escena en la película de ciencia ficción Wall-E de Andrew Stanton en la que una nave espacial, al salir del Planeta Tierra, debe hacerse espacio de entre una increíble capa de chatarra espacial, que está por demás decir, orbita nuestro planeta. 




                                                Imagen de la película Wall-E


La escena nos podría parecer un tanto exagerada como todo lo demás de la película, pero ha juzgar por los hechos, ésto puede que no esté tan alejado de la realidad en un futuro no muy lejano. Y digo, puede que en ese futuro, ya no le envidiemos a Saturno sus anillos...


La idea de un objeto orbitando la Tierra nació en un libro llamado Los quinientos millones de la Begún (1879) de Julio Verne. El primero en encabezar esta lista es el orgullo de Россия, el Спутник-1 (Sputnik-1) lanzado el 4 de octubre de 1957, desde ese día se han puesto en órbita miles de satélites, de los cuales, conforme van cumpliendo su vida útil van siendo abandonados, de hecho uno de cada cinco sigue en operación.

Según la Agencia Espacial Europea el porcentaje de objetos orbitando sobre nuestras cabezas, es el siguiente:



  • Naves operativas - 7%
  • Naves obsoletas - 22%
  • Restos de cohetes - 17%
  • Objetos relacionados con las misiones - 13%
  • Otros fragmentos - 41%



Y es que esto es de considerarse hasta para las agencias espaciales, puesto que estos fragmentos presentan un peligro para sus misiones y astronautas. Imaginemos que felizmente salen a reparar su transbordador, cuando un objeto, del tamaño de un tornillo, a una velocidad de 28.000 km/hr, impacta el traje del viajero espacial... yo creo que sin duda les arruinaría el día.


Ahora vayámonos a las soluciones planteadas para dar fin este problema. El primero de ellos es construir un imán gigante al puro estilo del Coyote Willie y atraer todo a la superficie terrestre... (jajajaja) ¿Se lo creyeron?. No, ya enserio la primer idea (aunque igual suene a chiste)es disparar láseres a estos escombros espaciales, para así alejarlos de los que si funcionan. El problema es que la gravedad del planeta los volvería a jalar.


Otra solución es construir, literalmente, camiones de basura espaciales, creo que todos entendemos eso. Se recogería la basura y se arrojaría a la atmósfera para que la gravedad y la fricción hagan su trabajo (incinerarla).     


Esto no es un problema que le competa a un sólo país, esto es un problema universal, por lo tanto debe haber una conjunción de ideas y actos para remediar este mal. Ahora tenemos que limpiarlo para que estemos seguros en el espacio, uno nunca sabe a donde lo llevará su próxima aventura.


Y ¡cuidado!, nadie quiere salir a regar sus margaritas y encontrarse con esto:    




La siguiente noticia fue la que inspiró esta publicación: NASA's UARS Re-enters Earth's Atmosphere


El satélite UARS (Upper Atmosphere Research Satellite), de la NASA, caerá en la Tierra en algún momento de la jornada del viernes, luego de seis años de orbitar improductivo alrededor del planeta, y veinte años después de haber sido puesto en órbita por el trasbordador Discovery. Aún no hay datos exactos de dónde caerá, aunque se están realizando todo tipo de mediciones y cálculos para adelantar cuáles son las posibilidades. Lo cierto es que, luego de que el satélite se despedace en el aire, muchas de sus partes (aquellas fabricadas con berilio, titanio y acero) no se desintegrarán al penetrar en la atmósfera: son 26 fragmentos que pesan, en total, unos 530 kg. Desde la NASA aseguran que no se puede anticipar con exactitud el lugar de la caída de estos objetos (lo harán juntos dentro de un radio de mil kilómetros), dados los numerosos factores que intervienen en su recorrido, casi imposibles de prever en su totalidad, aunque irán informando sobre su deriva a través de una página web sobre el UARS. La Agencia Espacial Rusa tiene sus propias mediciones, y anunció hace ya unos días que los restos del satélite caerán al mar, cerca de Papúa Nueva Guinea. Hasta los aficionados han tomado parte, como el ingeniero francés Thierry Legault, quien hizo públicas imágenes tomadas por él mismo, del desequilibrado andar del satélite. Eso sí, todos coinciden en que el riesgo de que genere algún accidente que involucre vidas humanas es muy, muy bajo, algo así como uno en 3.200. En cualquier caso, el ingreso de partes de un satélite como este la Tierra es un episodio tan poco habitual que sirve para disparar todo tipo de predicciones, debates, y por qué no, apuestas… ¿Dónde caerá, finalmente, el UARS? Siendo que el peligro que acarrea es prácticamente nulo, sólo nos queda seguir las informaciones minuto a minuto, y darle una cálida bienvenida.

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